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Ángeles rebeldes - Robertson Davies

- Sentido común, Clem, sentido común. Es la salvación de los que vivimos de la mente. Hacemos un pacto entre lo que llegamos a comprender intelectualmente y lo que somos en el mundo tal como nos lo encontramos. Sólo los genios y quienes tienen alguna perversión intentan escapar, pero hasta los genios suelen tener una moral profundamente burguesa. ¿Por qué? Porque simplifica lo prescindible. No se puede estar siempre improvisando y contemplando las trivialidades como si fuera la primera vez.


- Tots anem perdent coses importants - diu ell quan el telèfon para de sonar-. Oportunitats, possibilitats, sentiments que no tornaran... Forma part de la vida. Però dins els nostres caps (almenys jo ho penso així) hi ha una habitació on podem anar guardant aquests records. Una habitació organitzada com els prestatges d'aquesta biblioteca. I per saber on és la nostra ànima, hem d'anar fent fitxes. De tant en tant n'hem de treure la pols, airejar-la i canviar-ne les flors. Dit d'una altra manera, cadascú ha de viure dins la seva pròpia biblioteca.



On es van perdre els cavallers?


Llegint El cavaller de la carreta m’he adonat que, en algun moment de la nostra Historia, algú va construir una torre secreta en algun lloc prop del mar. Allí hi va amagar tots els cavallers que, com Lancelot, eren capaços de lluitar per allò en què creien, per allò que els feia bategar el cor, pels seus valors, pels seus principis, pels seus somnis...

Jo mateixa no he dubtat ni un moment i he sortit a buscar la torre. Però, no l’he trobat. He travessat per camins enfilats i per ponts esmolats sense veure enlloc cap rastre d’un sol cavaller. Tristesa se m’ha acostat i m’ha fet asseure. Plorar no em val la pena ni m’ajudarà a trobar el cavaller perdut a la torre.

En tornar a muntar al cavall, en nom del meu Honor em prometo que no m’aproparé a cap home que no demostri davant la seva donzella que conserva els valors autèntics dels cavallers de la torre. On deu ser aquell qui em farà baixar del cavall?

El mundo de los prodigios

Eso era lo malo. Yo me comportaba como quien vive en un sueño. Estaba activo, me ocupaba en lo que procedía, respondía de una manera razonable, pero a pesar de todo parecía encontrarme en un estado de conciencia rebajada (…) Era com si me propulsara algo que desconocía hacia algo que no acertaba a ver. Parte del impulso tenía que ser amor, pues yo seguía encandilado por Milady y apenas tenía la cordura suficiente para comprender que mi situación era todo lo desesperanzada que de hecho podía ser, que mi pasión era rematadamente absurda.

El mundo de los prodigios. Robertson Davies.

Lágrimas por una medalla

Ser campeonas del mundo no es cualquier cosa, aunque la gente se empeñase en demostrarnos lo contrario. A nadie le importó nuestra anterior victoria mundialista en Viena. Sigue sin importarles. A veces me parece que en este país todos los días se ganan medallas, que es fácil conquistar los títulos, porque se olvidan rápido de las victorias. Y no me refiero al público en general, que al fin y al cabo, se entera de lo que los medios dan a conocer, sino a los mandatarios, los responsables deportivos que exprimen a sus atletas hasta que se quedan sin jugo para después desecharlos.

Siempre me habían marcado la pauta a seguir: hoy competimos aquí, viajamos allá, entrenamos acá. En cambio, nadie me advirtió que después estaría sola. Años de entrenamiento psicológico para ser la mejor, la más fuerte, la campeona y ni medio minuto de asesoramiento para enfrentarme al mundo real, para enfocar mis estudios, para buscar una profesión. Ni una sola palabra de ayuda ni un consejo para afrontar el día después.

via: Historias de la ciencia

Mantícora

Es una idea muy extendida que las personas que incurren en un insólito acto de crueldad tienen que estar locas, aunque el corolario de esta misma idea es que quien sea capaz de una compasión desmedida también ha de estar loco.


Robertson Davies. Mantícora.

Exàmens de recuperació

Gandalf, Bilbo y los trece enanos se han librado por los pelos de los trasgos que viven en las cavernas bajo las Montañas Nubladas. Han estado cuatro días en la oscuridad. Al salir, se encuentran con los lobos huargos, que les rodean en un incendio en el bosque. Las grandes águilas los recogen cuando las llamas ya les lamen los pies, y los llevan a sus nidos. Tolkien lo explica así:

Los picos de las montañas se estaba acercando; puntas rocosas iluminadas por la luna asomaban entre las sombras negras. Verano o no, el aire parecía muy frío. Cerró los ojos y se preguntó si sería capaz de seguir sosteniéndose así mucho más. Luego imaginó qué sucedería si no aguantaba. Se sintió enfermo.

El vuelo terminó justo a tiempo para Bilbo, justo antes de que aflojara las manos. Se soltó de los tobillos de Dori con un grito sofocado y cayó sobre la tosca plataforma de un aguilero. Allí quedó un rato tendido sin decir una palabra, con pensamientos que eran una mezcla de sorpresa por haberse salvado del fuego y de miedo a caer de aquel sitio estrecho a las espesas sombras de ambos lados. Sentía la cabeza verdaderamente muy rara en aquel momento, después de las espantosas aventuras de los tres últimos días, casi sin nada para comer, y de pronto se encontró diciendo en voz alta:
- ¡Ahora sé cómo se siente un trozo de panceta cuando la sacan de pronto de la sartén con un tenedor y la ponen de vuelta en la alacena!

De la sartén al fuego, "El Hobbit"
J.R.R. TOLKIEN

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Os he mirado. He vuelto a miraros hoy con la esperanza de que hoy fuera el día en el que os digo que os he estado mirando desde hace tiempo, y vosotros reís como fieras salvajes y yo me encojo con expresión distraída. Pero no lo ha sido.



He vuelto a observaros espléndidos, radiantes, calmados, naturales desde la distancia. Desde un margen que creé hace tiempo porque al parecer, no sabéis ni quién soy. Hay una fuerza inefable que me lleva hacia vosotros. Algo recóndito que me atrae de manera irracional y que me hace parecer totalmente enferma a ojos ajenos porque os miro.



Llamadme enferma también. Llamadme enferma mientras os atrevéis a decirme que no resplandecéis como jodidos dioses. Tened el valor de decírmelo, de escupírmelo a la cara mientras vuelvo a espiaros con el pretexto de hablar con alguien inclinando la cabeza. Que eventualmente tendré que dirigir mi mirada hacia dónde estáis, fijarme en los detalles, de qué color son vuestras sudaderas, cómo lleváis el pelo, qué zapatillas habéis elegido hoy. Que muy a mi pesar rastrearé cada uno de vuestros movimientos para saber cuál es el gracioso, cuál el responsable, porqué os subís los unos a los hombros de los otros, de qué estáis hablando cuando estalláis en una carcajada sonora.



Simulad que me veis. Cuando paséis por mi lado, cuando me pilléis enfrascada en vuestras conversaciones a diez metros de vosotros. Seréis héroes si llegáis a reconocerme. Es por eso por lo que os tengo idealizados. Porque sois unos gilipollas egoístas, como todos, pero tan cegadores que necesito que sepáis que existo, porque yo necesito saber que existo. Para que llegue a tener, en algún momento, consciencia de mí misma a través de vosotros.



[...]

Cuando salías por la puerta, te has girado de golpe y me has visto. Me has visto mirarte por la espalda como un asesino a sueldo cobarde y rencoroso, me has visto perfilar tu silueta y meditar sobre la hipotética existencia de mi persona en tu mundo. Me has visto comprendiendo que mi mera presencia te resbala sobremanera, que apenas recordarías mis rasgos entre la multitud al día siguiente porque soy igual que las demás. Y una mierda.


Me has visto y has puesto cara de desconcierto, como si no pudieras controlar lo que había pasado, como si no pudieras entender porqué estaba allí en ese momento, justo detrás de ti, escrutando tus pasos y movimientos. Te he mirado a los ojos sorprendida porque te has percatado de algo. Por fin. Luego has vuelto a girarte, has arrancado el coche y quién sabe cuando volveré a verte.

Por un momento, he estado ahí y tú también y ojalá se lo contaras a todos. Que os miro, que estoy loca, enferma de la cabeza; que desearía estar entre vosotros como un fantasma, sin atreverme a nada ni ocurrírseme siquiera romper vuestra aura; que me conformo con un saludo sutil, disimulado; que no sé por qué tanta obsesión estúpida si no sois gran cosa, que yo tampoco entiendo nada pero ojalá pudierais verme.


Extracto de Os he mirado.doc

El quinto en discordía

- No lo estás haciendo bien, Leo –dijo Boy una noche, mientras yo cenaba con ellos-. Tienes que intentarlo con más convicción. - Tal vez lo esté haciendo con demasiada convicción –observé.
- No seas ridículo, Dunny. Se haga lo que se haga, nunca se hace con demasiada convicción.
- Por supuesto que sí. ¿No has oído hablar de la ley del esfuerzo inverso? Cuando más se intenta algo, es más posible que no se consiga.
- Nunca había oído semejante despropósito. ¿Quién dice eso?
- Muchos sabios lo han dicho, y el último de ellos ha sido tu apreciado doctor Coué. Dice: “No aprietes los dientes ni insistas en el éxito, o todo te saldrá al revés”. Es un hecho psicológico.

El quinto en discordia. Robertson Davies.

Retrato en sepia


La cámara es un aparato simple, hasta el más inepto puede usarla, el desafío consiste en crear con ella esa combinación de verdad y belleza que se llama arte. Esa búsqueda es sobre todo espiritual. Busco verdad y belleza en la transparencia de una hoja de otoño, en la forma perfecta de un caracol en la playa, en la curva de una espalda femenina, en la textura de un antiguo tronco de árbol, pero también en otras formas escurridizas de la realidad. Algunas veces, al trabajar con una imagen en mi cuarto oscuro, aparece el alma de una persona, la emoción de un evento o la esencia vital de un objeto, entonces la gratitud me estalla en el pecho y suelto el llanto, no puedo evitarlo. A esa revelación apunta mi oficio.

Retrato en sepia, Isabel Allende

El vigilant en el camp de sègol

- La vida és un joc, fillet. La vida és un joc que es juga segons les regles.
- Sí señor. Ja ho sé que ho és. Ja ho sé.

I un colló que és un joc! Quin joc! Si ets a la mateixa banda que tots els guanyadors, després sí que és un joc, i tant, amb això hi estic d’acord. Però si ets a l’altra banda, on no hi ha cap guanyador, després què té de joc. Res. Cap joc.

El vigilant en el camp de sègol. J.D Salinger

100% perfect girl


MURAKAMI La chica cien por ciento perfecta from Elisa Navarro on Vimeo.

Com dir-li adéu

COMPTABLE
Hervé,
Ets el setzè noi que deixo, però el primer per qual no
sentiré mai cap penediment.
Sandrine


Com dir-li adéu. Cécile Slanka

Relato de un náufrago

Nunca hasta esa noche había perdido una remota esperanza de que alguien se acordara de mí y tratara de rescatarme. Pero cuando recordé que aquélla debía ser para mi familia la novena noche de mi muerte, la última de mis velaciones, me sentí completamente olvidado en el mar. Y pensé que nada mejor podía ocurrirme que morir. Me acosté en el fondo de la balsa. Quise decir en voz alta: “Ya no me levanto más”. Pero la voz se me apagó en la garganta. Me acordé del colegio. Me llevé a la boca la medalla de la Virgen del Carmen y me puse a rezar mentalmente, como suponía que a esa hora lo estaba haciendo mi familia en mi casa. Entonces me sentí bien, porque sabía que me estaba muriendo.

Relato de un náufrago, Gabriel García Márquez

asdfasdf.doc, pág. 1


I

Salimos de la estación a las cuatro de la tarde. Hemos comido en la universidad un par de horas antes, así que no tenemos mucha hambre, y tampoco ganas de irnos a casa. Liam propone tomar una cerveza en algún sitio mientras esperamos a que venga Sadie, que hoy se ha dormido y ha preferido la cama a las clases y nos ha dicho id tirando, me ducho y bajo. Sean y Dev no ponen objeción, así que entramos en Jackie’s, un bar con billares del que somos no sólo habituales, sino clientes predilectos. Pedimos y nos partimos en dos parejas; Liam está en el equipo contrario con Dev. Les ganamos en un bola 8 y piden revancha inmediata y les volvemos a ganar la segunda y tercera partida. Sean y yo nos reímos de ellos durante unos minutos y acabamos sentados alrededor de una mesa para cuatro.

- Bueno Ethan, ¿nos vas a contar lo de Laura o no? – pregunta Sean de repente.
- ¿Qué Laura?
- No te hagas el tonto. – suelta Liam – Lo sabemos.
- Así que ya estás cantando. – sentencia Sean.

Dev sonríe en silencio. Intuyo que no tengo ayuda esta vez. La careta de ingenuo desorientado no me está sirviendo mucho, así que opto por la mueca de tipo duro.

- ¿A vosotros qué coño os importa?
- Bueno, - responde Sean con una sonrisa pícara – tú pon nota. Sólo para saber si vale la pena tirársela o no.

Segundo intento fallido. No puedo rebatir nada porque yo hubiera preguntado lo mismo y estaría insistiendo como un poseso para conseguir la opinión sobre una chica con unos atributos que interesan a medio campus.

- Un seis. – contesto. Y miro hacia la puerta con desinterés.
- ¿Un seis? ¡¿Sobre diez?! – Liam se ha abalanzado sobre la mesa, y me mira, incrédulo, con ojos como platos.
- No pienso hablar más. – digo, y bebo otro sorbo de cerveza, evitando tener que contar lo del asiento trasero del coche y los mordiscos de la tal Laura.

Sadie entra a Jackie’s, roba una silla de otra mesa, pide una cerveza con una mirada a la barra y se sienta entre Dev y Sean. Se hace el silencio sepulcral durante unos segundos, pero nos damos cuenta de que eh, es Sadie, ¿por qué os calláis de repente? ¿Qué decías de follar, Sean? Y la conversación que surge casi sin querer sobre las tetas de Laura es muy amena. Sobre todo porque después enlaza con la del culo de Juliet, en la existencia del cual aún no había reparado.

La balada del café triste

En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Existe el amante y existe el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir.

La balada del café triste. Carson MacCullers.


Intercambio de sueños

“En ese estado de lucidez alucinada, no solo vieron las imágenes de sus sueños, algunos vieron las imágenes soñadas por otros". Eso es de Gabriel García Márquez - Cien Años de Soledad. Parece que hay precedentes de este intercambio de sueños. Quiero decir, ¿será así ahí fuera? ¿Quizás soñemos constantemente los sueños de otros? ¿No será que el mundo del subconsciente es realmente colectivo? ¿No son tus miedos mis miedos? ¿No son tus deseos mis deseos? ¿No bebemos todos de la misma copa humana?



* Fragment de Doctor en Alaska

Els vençuts



Cada vegada que obrien la porta del carrer, em cridava l’atenció la manera que tenia de ser aquella tarda: delicadament daurada, tremolosa de tan pura, com si estigués, no en contra ni a favor, sinó fora del temps, i, per excepcional, trencadissa, sotmesa a un risc imprevisible. Vaig estar a punt de preguntar als meus companys si també els produïa aquell efecte. Era inútil, només vivien pendents del temps que girava damunt l’esfera del rellotge, i preferien –en el fons, jo, com ells- l’espessa bravada del cafè i les inquietuds que ens rosegaven i ens minaven.


* Fragment d'Els vençuts, de Xavier Benguerel

Memorias de un amante sarnoso

Escribí este libro durante las interminables horas que empleé esperando a que mi mujer acabara de vestirse para salir. Si hubiera andado siempre desnuda, nunca habría tenido la oportunidad de escribirlo.

De sobra sé que el título de este libro es capcioso, pero lo cierto es que hay mil modos de vender un libro, como los hay de deshollar un gato.
Claro que no existe ninguna relación entre ambas cosas... sin embargo, tenía yo una tía que siempre decía que existen mil modos de deshollar un gato. Un buen día, bajo una ola de calor que se abatía sobre el East Side de Nueva York, cedió a sus impulsos y no tardaron en llegar unos hombres vestidos con batas blancas que se la llevaron, mientras aún sostenía el pellejo del gato. Fue un espectáculo poco ameno. Por otra parte, parece que mi tía no andaba muy equilibrada.

Quienquiera que compre este libro habrá de considerarse expoliado si se ha dejado engatusar por el título.

Yo bien quisiera haber escrito un buen libro erótico que motivara un escándalo mayúsculo. Es indudable que lo que más excita las apetencias literarias del lector, es saber que el autor ha sido encarcelado por sobreexcitar la libinosidad de millones de compatriotas.

Descartada, pues, la cuestión sexual, vamos a ver de qué otras cuestiones podemos ocuparnos.

*pròleg de "Memorias de un amante sarnoso" de Groucho Marx

El joc de l'àngel

- Per on vol que comenci?
- Vostè és el narrador. Només li demano una cosa: que em digui la veritat.
- No sé què és la veritat.
- La veritat és el que fa mal


“Fa unes quantes setmanes, vaig somiar que et tornava a veure, que ens trobàvem pel carrer i no te’n recordaves, de mi. Em somreies i em preguntaves com em deia. No sabies res de mi. No m’odiaves. Cada nit, quan el Pere s’adorm al meu costat, tanco als ulls i demano al cel, o a l’infern, que em deixin tornar a somiar el mateix. Demà, o potser demà passat, t’escriuré un altre cop per dir-te que t’estimo, encara que això no signifiqui res per a tu”.
Write here, about you and your blog.
 
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